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Este lugar es diferente, es especial. Los otros no quieren hablar de ello porque les asusta. Pero nosotros lo sabemos, lo sentimos.

lunes, 16 de noviembre de 2009

2012

(ruego me disculpen, pero no logro describir la película con otra frase que no sea: todo se va a tomar por el culo).

Y después de "Independence Day", "Godzilla" y "El día de mañana", Roland Emmerich vuelve a lo que más le mola: LA DESTRUCCIÓN.


La peli es una chorrada (fin de la crítica). Mola que el payo este escoge a actores que le molan, y da gustico verlos: John Cusack (oooh, eres un crack), Woody Harrelson (nen, deja de fumar eso), Amanda Peet, Danny Glover (tos*Obama*tos), Chiwetel Ejiofor (cada vez me cae mejor), Thandie Newton (qué buena está la madre que la parió), Oliver Platt (gordo cabrón), Blu Mankuma, George Segal, Stephen McHattie (dan ganas de cuadrarse nada más verlo), y hasta Ty Olsson (2 segundos).

Dicho esto, a lo que vamos: nunca, en la vida, jamás, he visto escenas tan acojonantes como las que se han currado Volker Engel y sus amigotes de Uncharted Territory, Digital Domain, Crazy Horse Effects, Evil Eyes Pictures, Factory VFX, Gradient Effects, Pixomondo, Post Office Visual FX, Double Negative, Hydraulx, RotoFactory, ScanlineVFX y Sony Pictures Imageworks (entre otros). Qué despiporre. Vamos, verlo en la fila 6 del cine... Yo con los ojos húmedos de la emoción. Cuánta destrucción, muerte, polvo, piedras, lava, grietas, cascotes, tierra, chatarra, olas...

Lo decían en el documental de la ILM: making magic (haciendo magia).
Snif, no puedo escribir... voy a por un kleenex.


No seáis herejes, id a verla al Thader a la sala digital.

Para partiros el culo un rato, leed la crítica de Las Horas Perdidas.

Y he aquí la primera escena bruta (más menos, tiene recortadas un par de cosillas). Qué hermosura.

 
Toda una generación trabajando en gasolineras, sirviendo mesas o siendo esclavos oficinistas. La publicidad nos hace desear coches y ropas. Tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos, no hemos sufrido una gran guerra ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock. Pero no lo seremos, y poco a poco lo entendemos, lo que hace que estemos muy cabreados.