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Este lugar es diferente, es especial. Los otros no quieren hablar de ello porque les asusta. Pero nosotros lo sabemos, lo sentimos.

lunes, 9 de junio de 2008

La niebla (de Stephen King)

Que conste que pongo "(de Stephen King)" para no confundirla con la (excelente) "La niebla" ("The fog") de John Carpenter. La novela corta original se llamaba en español "La bruma" ("The mist") y llamando así la película evitaríamos estas mierdas, pero las distribuidoras son así.

En un pequeño pueblo de Maine, aparece una extraña niebla, que parece matar a todo el que se adentra en ella. Un grupo de gente atrapada en un supermercado intenta idear algún plan para sobrevivir.

Reconozco que Frank Darabont es bueno adaptando a King ("Cadena perpetua", "La milla verde"). Y que esta película es mejor que la mayoría de MIERDAS de terror que estrenan sin parar. El repartazo es brutal, y sí, a la mitad los conocéis de haber salido en "Cadena perpetua" y "La milla verde". Thomas Jane como padre preocupado, William Sadler como paleto que te cagas, y Marcia Gay Harden como loca religiosa (que acaba como todas las locas religiosas en las novelas de King) que te dan unas ganas de empezar a darle palos y no parar desde la 2ª vez que abre la boca. Buf, qué mala leche me da sólo de acordarme.

El guión tiene sus momentos de tensión, menos mal, que no es una sucesión de gritos y ruidos y sangre (que, haberla, hayla). Eso sí, se han pasado 3 pueblos con el final. Que la idea es buena, hasta que dices "venga ya, joder, qué necesidad hay".

Desde aquí un abrazo a Howard Berger (de KNB EFX Group Inc.) por diseñar unos bichos que me cago en sus muertos (el último que se ve, qué grima da). A ese tipo de gente (como a Patrick Tatopoulos o H.R.Giger) o los encierras en una celda acolchada, o les das un lápiz y un aerógrafo. Suerte que elegimos la 2ª.

 
Toda una generación trabajando en gasolineras, sirviendo mesas o siendo esclavos oficinistas. La publicidad nos hace desear coches y ropas. Tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos, no hemos sufrido una gran guerra ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock. Pero no lo seremos, y poco a poco lo entendemos, lo que hace que estemos muy cabreados.