Silent Hill
Rose busca desesperadamente una cura para la extraña enfermedad de su hija Sharon. Decide llevarla a Silent Hill, un pueblo abandonado que ella nombra en sueños. Justo al llegar, Sharon desaparece, y Rose sale a buscarla, un viaje que la llevará a descubrir la verdad sobre la maldición de Silent Hill...
Lo primero es lo primero. Al diseñador de las criaturas (Patrick Tatopoulos) o le dan un premio, o lo meten en una celda acolchada y tiran la llave al mar. Porque hay que estar MUY ENFERMO para crear ciertas cosas que se ven en la película. Pero mucho. Es de las pocas veces que me he sentido incómodo viendo algo en una pantalla, sólamente viendo como un bicho sin brazos se acerca a los protagonistas.
Visualmente la película es una gozada, por el diseño de criaturas, el de producción y de vestuario. Efectos especiales molones, y sonidos macaaabros. Sin embargo, a la película le sobra metraje. Un cacho. Media horica o algo así. Christophe Gans ("El pacto de los lobos") tiene arte, pero el pasarse de minutos y un par de diálogos flojos, hacen que te salgas un poco de la peli. Y una vez fuera, es complicado que vuelvas a cogerle el hilo con ganas. Y te aburres un pelín de tanta "explicación para tontos".
A verla al cine, o en casa a oscuras. Una película que entra por los ojos (y desgraciadamente, sólo por los ojos).
Escuchando: michael giaccino - hollywood and vines.mp3


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