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Este lugar es diferente, es especial. Los otros no quieren hablar de ello porque les asusta. Pero nosotros lo sabemos, lo sentimos.

martes, 19 de octubre de 2004

A.I.

Por fin terminé mi trabajo como Alumno Interno (o A.I. de ahí viene la película de Spielberg).
La maraña de cables, transistores y diodos blasfemos, oscuros, impíos e innombrables que formaban el amplificador de potencia con puente en H (H de hijoputa) del péndulo invertido (¿"invertido" significa que es un péndulo "p'allá"?) ha sido rediseñada y encajada (e.d. metida en una caja). La caja ("la caja, la caja", como dirían en Los Simpsons) ha quedado supermona, con sus conectores de banana, RS-232, de 15 pines, de 5 pines, LEDs de colores e incluso pegatinas explicativas de cada conector (lo cual casi me costó una intoxicación pulmonar con el Super Glue y atascar la impresora láser con una transparencia).
Lo curioso es que el viernes voy yo tó feliz por la tarde a enseñarle a José Antonio (el de ISI) el péndulo, bajo al K-2 (haciendo rappel sin piolet ni ná) estaba ahí el Alfonso Baños leyendo no sé qué y voy yo tó chulo a probar la conexión del encoder y oh sorpresa, no lee la señal de paso por índice, vamos, que no se pone a 0. José Antonio se partía el culo, Alfonso también, diciendo que cuando lo terminara quería una garantía de por lo menos 6 meses. Ndiox. Pues ayer me pongo polímetro en mano comprobando cables: gris, negro, amarillo, roj- ¿dónde está el rojo? efectivamente el cable rojo estaba rulando por ahí, se había soltado el estaño. Resueldo y oh maravilla, el encoder rula. Cargo el controlador en la tarjeta y murmurando una plegaria al dios del caos, Nyarlathotep, conecto la alimentación. El péndulo se movía, más o menos; pero no se mantenía erecto ni de mierda, tras considerar la Viagra me pongo a mirar y veo que el cable quedaba pillao por el raíl, lo quito; aquello sigue cayéndose y entonces recuerdo las enseñanzas de mi Maestro ("carga el programa, conecta la corriente y luego pasa el encoder por el índice, no antes, no después, y el número de la cuenta será 3") y oh maravilla! el péndulo se mantenía graciosamente erguido.
Mi regocijo no conoce límites. Ahora lo mismo, pero con mi proyecto de fin de carrera.

 
Toda una generación trabajando en gasolineras, sirviendo mesas o siendo esclavos oficinistas. La publicidad nos hace desear coches y ropas. Tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos, no hemos sufrido una gran guerra ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock. Pero no lo seremos, y poco a poco lo entendemos, lo que hace que estemos muy cabreados.